Herencia de aquel estilo que perdura y se multiplica son las construcciones con piedras de voladura en las bases y abundante madera rústica en las plantas altas, con sus típicos techos a dos aguas. Sin embargo, San Martín de los Andes ya no es ese pequeño pueblito cordillerano dependiente de la explotación forestal, que describió el escritor Pablo Neruda cuando pasó por aquí, en marzo de 1949, huyendo de Chile por razones políticas.El centro de esquí Chapelco, creado a fines de los 60, selló su destino de exclusivo refugio turístico al que se fueron sumando hoteles, locales y restaurantes. A pesar de ello, no perdió su encanto de pueblo chico: todavía conserva la impronta pintoresca de una aldea de montaña.Uno de los grandes atractivos del pueblo es la gastronomía, que puede ser entendida como un "paisaje" más de la zona. Plantearse un recorrido a partir de los sabores es una buena excusa, además, para acceder a sitios íntimos y vistas de ensueño.


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